Si estás triste, ¡esto es para ti!

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La felicidad puede ser definida por cada quien de distintas maneras, pero podemos decir que es un estado que nos da satisfacción física y espiritual. Entonces, si es un estado, tenemos el poder de cambiarlo en el momento que queramos. Algo que solemos escuchar a menudo es que la felicidad comienza en nosotros, y hay algo de verdad en eso, pues buscar la felicidad producirá una cosecha de alegría cuando miremos primero dentro de nosotros y no a una expectativa poco realista de la felicidad que nos ofrece el mundo.

Nosotros como creyentes, no tenemos por qué ser infelices cuando entendemos lo que Jesús hizo por nosotros. Al contrario, ¡debería ser un motivo para gozarnos con tan sólo recordarlo! Tal y como dice el Salmo 13:5: Yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación.

Así que no necesitas buscar muy lejos la verdadera felicidad. Sólo tienes que mirar dentro de ti mismo y recordar que Dios es una fuente inagotable de paz y alegría, que a pesar de las épocas difíciles Él está contigo para ayudarte y sostenerte.  

Un ejemplo es el Apóstol Pablo cuando compareció ante Agripa y obtuvo el permiso para hablar por sí mismo. A pesar de sus circunstancias, hizo referencia a su felicidad: «Rey Agripa: soy feliz al tener ocasión de defenderme hoy ante ti…». A pesar de todo lo que Pablo estaba enfrentando, él conocía bien el propósito que tenía y sabía que su gozo provenía de Dios, esto hizo que nada de lo que lo rodeaba lo opacará. Cuando nos miramos a nosotros mismos y a nuestras circunstancias a la luz de la Palabra de Dios, podemos seguir siendo felices igual que Pablo. Recuerda que la vida se trata de una serie de decisiones, y que tu felicidad se basa en las decisiones que estás tomando hoy. La felicidad no está centrada en nuestras emociones; se centra en nuestra voluntad. Hoy puedes ser feliz si así lo decides. 

Agripa dijo entonces a Pablo:— Tienes permiso para hablar en tu defensa.Pablo hizo un gesto con la mano e inició su defensa: — Rey Agripa: soy feliz al tener ocasión de defenderme hoy ante ti de todos los cargos que me imputan los judíos.  Hechos 26:1-2  Y tú, ¿podrías decir lo mismo que Pablo frente a las dificultades? 

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